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    <title>representation of the atrocity</title>
    <link>http://revues.mshparisnord.fr/chcp/index.php?id=733</link>
    <description>Termini dell'indice</description>
    <language>fr</language>
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      <title>La desaparición de personas en Colombia. Un vacío irrepresentable</title>
      <link>http://revues.mshparisnord.fr/chcp/index.php?id=728</link>
      <description>Mi intención con este texto es argumentar a partir del estudio de fuentes judiciales la imposibilidad del derecho de representar la violencia extrema, una tesis esbozada por autores como Benjamin, Lacan, Derrida, Restrepo y otros más. En esta ocasión exploro expedientes judiciales como si se tratara de fuentes históricas y antropológicas, dotadas de una particular textura descriptiva. El caso de estudio es un frente paramilitar colombiano, conocido como Frente Omar Isaza (FOI), que operó en el centro del país durante las décadas de 1990 y 2000. Se trata de prácticas documentales que instauran un vínculo, aunque sea circunstancial, entre los familiares de las personas desaparecidas y asesinadas, que dan su versión de los hechos, y la burocracia estatal, que implementa el proceso de justicia transicional. Abordaré el tema de la desaparición forzada a partir del análisis de varios casos, tomando en cuenta tres elementos del proceso judicial: la descripción de los hechos, las confesiones de los paramilitares en las versiones libres durante el proceso de Justicia y Paz y las imputaciones hechas por el fiscal. Me propongo documentar en qué momento y de qué forma la representación jurídica que se configura en los expedientes abandona o excluye lo que debería representar. Lo que logra hacer el aparato de Justicia y Paz es construir una imagen o representación del FOI en términos jurídicamente universales con el fin de satisfacer los presupuestos de la justicia transicional. Hay acontecimientos para los que no hay testigos, como la tortura y la desaparición forzada, pues el único que podría atestiguar acerca del dolor y el sufrimiento sufridos es la propia persona que ya está muerta y, por lo tanto, ha enmudecido. Quienes rinden testimonio acerca de la desaparición son, por lo general, familiares, parientes y conocidos, que extraen su relato de su propia experiencia. Por consiguiente, su vinculación con los hechos es subjetiva, ya que emana de las huellas que los hechos pueden haber dejado en él o en ella bajo la forma de recuerdos. El relato de los familiares es evocativo, no probatorio, pues resulta de la experiencia vívida; se trata de testimonios singulares que establecen su propia cronología de los acontecimientos. El análisis está centrado en el tiempo que transcurre entre la diseminación de los rumores que se propagan en los lugares donde desaparecen las personas y la construcción posterior de unas categorías jurídicas con las cuales se deben tipificar los crímenes. Pretendo poner en evidencia los caminos divergentes que toman la antropología y el derecho cuando se trata de construir «verdad» acerca de la desaparición forzada. Según mi experiencia como investigadora de la violencia en trabajos de campo y en entrevistas con paramilitares y algunas de sus víctimas, la desaparición tiene, por su naturaleza elusiva, un carácter fantasmal que solo puede aprehenderse a partir de ciertos relatos y rumores que para el derecho carecen de validez, pues no tienen valor probatorio con respecto a los hechos a los que se refieren. En los expedientes del FOI no hay un reconocimiento explícito del trauma y del sufrimiento que subyacen tras las desapariciones forzadas, del vacío irrepresentable que se produce cuando el cuerpo muerto es desmembrado y lanzado a las aguas del río, un acto que constituye un segundo borramiento. Es evidente que el derecho no tiene como referirse a ese vacío irrepresentable de la borradura del sujeto, porque no se interesa por rastrear jirones, fragmentos o residuos flotantes, como si lo pueden hacer el arte visual, la fotografía, el videomontaje e, incluso, el análisis antropológico de los restos y jirones que dejan tras de sí los desaparecidos. La imagen-jirón de la que habla Didi Huberman solo se puede captar si se atiende a relatos indirectos, conspicuos o alegóricos acerca de lo acontecido. El problema es que para el derecho los relatos «de oídas» carecen de valor probatorio. Para la antropología y el psicoanálisis, por el contrario, los relatos son materiales fundamentales para conocer la experiencia vivida. Aquello que puede dejar insatisfecho a un historiador por la falta de precisión, o a un fiscal por su nulo valor probatorio, puede, en cambio, ser muy revelador para un psicoanalista o un antropólogo que busca en los relatos no solo la veracidad acerca de lo ocurrido, sino trazas de contenidos inconscientes, de aquello que no se dice, o que se dice a medias, así como nuevas formas de nombrar lo ocurrido. Paradójicamente, es gracias a la tarea judicial de escoger hechos, clasificarlos, ordenarlos y simplificarlos para luego llegar a consecuencias jurídicas, que la desaparición forzada ha dejado de ser un asunto privado que solo compete a los familiares del desaparecido y se ha convertido en un tema de investigación e indagación por parte de diversas disciplinas sociales y de derechos humanos. Sin embargo, a pesar de esa capacidad que tiene el derecho de hacer de la desaparición un asunto público, es incapaz de representarla. Para hacerlo, tendría que darle un lugar al no-lugar del desaparecido, a la ausencia de su cuerpo, que no solo ha sido borrado de la faz de la tierra, sino que ha perdido su materialidad y ha quedado reducido a jirones. « La disparition des personnes en Colombie. Un vide irreprésentable »Mon intention dans ce texte est de démontrer, à partir de l’étude des sources judiciaires, l’impossibilité pour le droit de représenter la violence extrême, une thèse esquissée par des auteurs tels que Benjamin, Lacan, Derrida, Restrepo, et d’autres. À cette occasion, j’explore les dossiers judiciaires comme s’il s’agissait de sources historiques et anthropologiques, dotées d’une texture descriptive singulière. L’étude de cas que je présente est celle d’un front paramilitaire colombien, connu sous le nom de FOI, qui a opéré dans le centre du pays pendant les années 1990 et 2000. Ces pratiques documentaires créent un lien, bien que circonstanciel, entre les familles de personnes disparues et assassinées, qui donnent leur version des faits, et la bureaucratie de l’État qui met en œuvre le processus de justice transitionnelle. J’aborderai la question de la disparition forcée à partir de l’analyse de plusieurs cas, en tenant compte de trois étapes du processus judiciaire : la description des faits, les confessions des paramilitaires dans les versions libres durant le processus de Justice et Paix, et les accusations du procureur. Je souhaite documenter à quel moment et de quelle manière la représentation juridique qui se structure dans les dossiers abandonne ou « exile » ce qu’elle représente. L’appareil de Justice et Paix réussit à construire une image ou une représentation du FOI en des termes juridiquement universels, afin de satisfaire les présupposés de la justice transitionnelle.Il existe des événements pour lesquels il n’y a pas de témoins, comme la torture ou la disparition forcée, car la seule personne capable de témoigner de la douleur et de la souffrance endurées serait celle qui est déjà morte, et donc muette. Les personnes qui témoignent de la disparition sont, en général, les membres des familles, les proches et leurs connaissances qui extraient leur récit de leur propre expérience. Leur lien avec les faits est donc subjectif, puisqu’il émane des traces que les événements ont pu laisser sur eux ou elles, sous forme de souvenirs. Le récit des proches est évocateur, pas probatoire, car il résulte d’une expérience vécue ; il s’agit de témoignages singuliers qui établissent leur propre chronologie des événements.L’analyse se concentre sur l’espace entre la diffusion des rumeurs qui se répandent dans les lieux où les personnes disparaissent et la construction ultérieure de catégories juridiques avec lesquelles les crimes doivent être qualifiés. Je veux mettre en évidence les chemins divergents pris par l’anthropologie et le droit quand il s’agit de construire une « vérité » sur la disparition forcée. Selon mon expérience de chercheuse travaillant sur la violence à partir de terrains et d’entretiens avec des paramilitaires et certaines de leurs victimes, la disparition, en raison de sa nature insaisissable, a un caractère fantomatique qui ne peut être appréhendé qu’à partir de certains récits et rumeurs qui manquent de validité pour le droit, car ils n’ont aucune valeur probatoire pour les faits auxquels ils se réfèrent. Dans les dossiers du FOI, il n’y a aucune reconnaissance explicite du trauma et de la souffrance sous-jacents aux disparitions forcées, du vide irreprésentable qui se produit quand le cadavre est démembré et jeté dans la rivière, un acte qui constitue un second effacement.Il est évident que le droit n’a aucun moyen de se référer à ce vide irreprésentable de l’effacement du sujet, car cela ne l’intéresse pas de chercher des traces, des fragments, ou des résidus flottants, comme peuvent le faire l’art visuel, la photographie, le montage vidéo et même l’analyse anthropologique des restes et des vestiges laissés par les disparus derrière eux. L’image « lambeau » dont parle Didi-Huberman ne peut être saisie qu’en prêtant attention aux récits indirects, ostensibles ou allégoriques de ce qui s’est passé. Le problème est que pour la loi, les récits par ouï-dire manquent de valeur probatoire. Au contraire, pour l’anthropologie et la psychanalyse, les récits sont des matériaux fondamentaux pour connaître l’expérience vécue. Ce qui peut laisser insatisfait un historien en raison de son manque de précision, ou un procureur en raison de son manque de valeur probatoire, est en revanche révélateur pour un psychanalyste ou un anthropologue qui cherche dans les récits non seulement la véracité sur ce qui s’est passé, mais aussi des traces de contenus inconscients de ce qui n’est pas dit ou qui ne se dit qu’à moitié, ainsi que de nouvelles façons de nommer ce qui s’est passé.Paradoxalement, c’est grâce au travail judiciaire consistant à choisir des faits, à les classer, à les ordonner et à les simplifier, pour ensuite leur imputer des conséquences juridiques, que la disparition forcée a cessé d’être un sujet privé qui revient uniquement aux proches du disparu pour devenir un sujet d’enquête et de recherche pour plusieurs disciplines sociales et des droits humains. Cependant, si le droit peut donner un visage public à la disparition, il est incapable de la représenter. Pour ce faire, il devrait attribuer une place au non-lieu du disparu, à l’absence de son corps qui n’a pas été uniquement effacé de la surface de la terre, mais qui a aussi perdu sa matérialité et a été réduit en lambeaux. “The Disappearance of Persons in Colombia. An Un-Representable Void”In this text I will argue, based on the study of judicial sources, that the law is unable to represent extreme violence; a thesis previously evoked by authors such as Walter Benjamin, Jaques Lacan, Jaques Derrida and Esteban Restrepo, among many others. In this case, I explore judicial files as if they were historical and anthropological sources, endowed with a particular descriptive texture. The study case is that of the paramilitary front Omar Isaza, known as FOI, which operated in the centre of Colombia during the 1990s and 2000s. The judiciary files establish a link, although possibly circumstantial, between the families of the disappeared and the murdered, and the state bureaucracy that implemented the process of transitional justice. I will address the topic of enforced disappearance based on the analysis of several cases, taking into account three moments of the judicial process: the description of the events, the confessions of the paramilitary accessible in the statements made voluntarily during the Justice and Peace process, and the accusations brought forward by the prosecutors. I propose to document when and how the judicial representation building up in the files relinquishes or bans what it represents. The Justice and Peace apparatus achieves the construction of an image or representation of the FOI in universal judicial terms with the goal of satisfying the premises on which the transitional justice is based. There are incidents with no witnesses, like torture and enforced disappearance, due to the fact that the only ones who could testify to the pain and anguish suffered is the person who died and is consequently silent. Those bearing witness of the disappearances are, generally speaking, the families, relatives and acquaintances who found their stories in their own experiences. Therefore, their connection to the event is subjective as it arises from the marks that the events might have left in them in the form of memories. The accounts of the families are evocative, not probative, because they are the result of experience; those are singular testimonies that establish their own chronology of the events. The analysis I propose is centred on the temporalities separating the dissemination of the rumours, in the places where the people disappear, and the later construction of the judicial categories that characterise the crimes. I intend to demonstrate the divergent perspectives of Anthropology and the Law when they attempt to construct the “truth” about forced disappearance. According to my experience as a field work researcher of violence and interviewer of paramilitary and some of their victims, the disappearance of a person has a ghostly dimension due to its elusiveness which can only be apprehended through certain accounts and rumours, which the law dismisses as they are no evidence of the events they refer to. It is evident that the law cannot refer to the un-representable void entailed by a person’s erasure because the law is not interested in tracking the shreds, fragments, and floating residue left behind by disappeared people in the way visual art, photography, video montage and forensic anthropology are. The image-shred mentioned by Didi Huberman can only be understood if we listen to the indirect, conspicuous or allegoric accounts of the events; the problem is that for the law this type of account as “rumours” have little to no value. On the other hand, for Anthropology and Psychoanalysis these accounts are fundamental materials in understanding the lived experience. This type of accounts might leave a historian frustrated for their lack of precision; a prosecutor might find them useless for they cannot prove anything. On the contrary, for the psychoanalyst or the anthropologist, these accounts may well be highly revealing as they are searching not only for the veracity of the events but also for traces of unconscious content, for the unsaid, or whatever is half said, and also for new denominations for what has happened. Paradoxically, it is thanks to the judicial work of selecting the events, classifying them, simplifying them and ordering them, and later transforming them in criminal charges, that forced disappearance is no longer a private affair related only to the family of the disappeared, it becomes a research topic and investigation for several social disciplines and human rights. Nevertheless, in spite of the capacity of the law to bring the forced disappearance out in the public sphere, it is incapable to represent it. In order to do so, it should offer a space for the “non-place” of the disappeared’, for the absence of the body that has not only been erased from the surface of the earth, but also lost its materiality and been reduced to shreds. </description>
      <pubDate>mar., 15 mars 2022 11:24:28 +0100</pubDate>
      <lastBuildDate>jeu., 17 mars 2022 23:27:25 +0100</lastBuildDate>
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